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Sensacionalismo y terrorismo

“La CVR también ha podido corroborar que, conforme los actos terroristas de los miembros del PCP aumentaron y los esfuerzos policiales por controlarlos fueron desbordados, los medios empezaron a incluirlos como noticia y, de esa manera, fueron ganando legitimidad como actores. Esto también propició que, en numerosas ocasiones, la prensa, sin proponérselo, colaborara con lo que buscaban los mismos grupos alzados en armas: crear zozobra, y generar el descontrol y el pánico en la sociedad.

Alejandro Sakuda, uno de los fundadores de La República, y su director entre 1987 y 1995, afirma:

La primera página siempre era policial. Si un carpintero, por ejemplo, acuchillaba a su esposa eso era primera página. Entonces cuando cambia esta situación ya viene el desconcierto ¿qué está pasando aquí? […]. Hay otro carpintero que acuchilla a su esposa y ya prácticamente no es noticia. El terrorismo le ha quitado la primera plana […].

Precisamente, esta alarma social y el tratamiento tremendista y sensacionalista al que muchos diarios y noticieros se inclinaron, hicieron más sencillo que surgieran como respuesta posturas radicales para enfrentar el conflicto. Éste fue el caso del gobierno y de las fuerzas del orden.”

(Capítulo del Informe Final de la CVR sobre Medios de Comunicación)

3 comentarios

Anoche en San Felipe (1)

Una de las cosas que me gusta harto de San Felipe es la posibilidad de caminar tranquilamente. Que sea uno de los barrios con más parques y árboles, hace que sus noches sean frescas y que se hable, también, de “los vientos huracanados de la resi”. La resi, como se le llama con cariño, es un lugar bonito para habitar.

Salvo por sus nidos y colegios.

En el edificio donde vivía antes, teníamos un nido al costado. Yo no sé mucho de educación inicial, pero enseñar a marchar o desfilar militarmente, como que no muy educativo es. Entiendo que parte de la felicidad de los niños es hacer bulla y harta bulla, pero profesores con megáfonos adoctrinando a pequeños seres humanos de menos de seis años, vencía mi tolerancia.

Luego, avanzamos. Progresamos. Ya no vivimos junto a un nido, sino junto a un colegio. El Colegio San Felipe.

Todos los lunes tenemos que soportar los discursos y peroratas del director a sus alumnos. Bueno, soportable. Me recuerda a mi colegio y los discursos de Constantino sobre, no sé, el estado de las cosas en nuestros tiempos.

Pero ayer rebasó todo.

Muchos saben que a finales de cada bimestre los alumnos se preparan, ensayan y presentan algo a sus padres. La primera parte que escuchamos desde nuestro edificio, sonó interesante. Harto punk, rock and roll, gritos. La adolescencia furiosa. En serio, hay esperanzas para el país.

Pero ya, ok, los fines de bimestres son cosa de niños. Son para ellos. Que se diviertan y todo, los protagonistas son ellos. Sin embargo, que los padres se pongan a bailar a todo salto cumbia y salsa a las 9pm, cuando algunos llegamos cansados del trabajo, es un abuso. 

Varios vecinos llamamos y reventamos el teléfono de Serenazgo. La excusa fue: “Estamos llenos de llamadas de otros lados”. Puede ser. Pero 30 minutos después, la bulla seguía.

No sé si fueron las llamadas. No sé si estaba programado terminar a las 10pm.

Pero terminó.

Y luego salimos a caminar.

Qué bellas son las noches en la resi.

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